jueves, 5 de marzo de 2015

Respétese, señor Funes

15 comentarios:

Quiero pensar que solo le trasladaron información equivocada, pero el secretario general del FMLN, Medardo González, mintió cuando el martes 3 de marzo, en conferencia de prensa, dijo que en los municipios que ganó su partido vive el 67 % de los salvadoreños. Lo dijo con estas palabras: “Ahora, con estas 86 alcaldías, el FMLN tiene una fuerza poblacional del 67 %, y nuestro partido tendrá mayores niveles de incidencia y de responsabilidad”. Con un periodismo como el salvadoreño, que en esencia se dedica a transcribir lo que dicen las fuentes sin el más mínimo contraste, el dato ha sido repetido hasta viralizarse.

Falta la certificación oficial, pero parece que el FMLN en efecto se impuso en 86 de los 262 municipios de la República, incluido un puñado de las ciudades más populosas, como San Miguel, Soyapango, Mejicanos, San Juan Opico y, por supuesto, San Salvador. Ahora bien, en esos 86 municipios residen 2,484,297 personas, que suponen el 38 % de las 6,460,271 habitantes que se estima que viven en El Salvador. Nada que ver con la cifra del 67 % que con orgullo desmedido aireó Medardo González.

Para los más dogmáticos militantes y simpatizantes del FMLN, aquellos que sentirán como una afrenta que un donnadie se atreva a contradecir en público a su secretario general, comparto el informe oficial ‘El Salvador: Estimaciones y Proyecciones de Población. Municipal 2005-2025’, de la Digestyc, fechado en septiembre de 2014, y por lo tanto obra del gobierno de Salvador Sánchez Cerén. Ahí aparecen los estimados oficiales de población para 2015 en los 262 municipios del país. Con papel y lápiz, calculadora y un poco de paciencia comprobarán que es falsa la cifra que proclamó Medardo González en conferencia de prensa. Y no por uno, cuatro o diez puntos porcentuales. Tergiversaron los datos para que el 38 % de los salvadoreños se convirtiera en el 67 %. No son centavos. Ojalá el FMLN reflexione sobre la calidad de la información que aporta a la sociedad, y ojalá también el gremio periodístico reflexione sobre qué tratamiento da a las informaciones que las fuentes aportan.

Pero si me animé a escribir esta columna no fue para denunciar las cuentas alegres que hizo la dirigencia del FMLN. No. El detonante de este texto fue el uso que el expresidente de la República, Mauricio Funes, hizo desde su cuenta de Twitter de estos números errados.

Después de conocerse el errado dato del 67 %, el señor Funes publicó los siguientes tuits:

El 3 de marzo, a las 9:09 p.m.: “No es la cantidad, sino la calidad de la victoria lo que cuenta. Gobernar el 67 % de la población a través de municipios habla de fuerza”.

El 3 de marzo, a las 9:13 p.m.: “Con las alcaldías ganadas por ARENA gobernarán menos del 40% de la población. A eso le llaman victoria? El FMLN en cambio gobernará al 67%”.

El 3 de marzo, a las 9:28 p.m.: “Los municipios q gobernará el FMLN representan 67% de la pob. Si sumamos los de GANA,PCN Y PDC, ARENA no alcanza ni un 40%.Eso es verguiada?”.

El 3 de marzo, a las 9:32 p.m.: “No es la cantidad, sino la calidad de la victoria lo que cuenta. Gobernar el 67% de la población a través de municipios habla de fuerza”.

El 4 de marzo, a las 12:17 p.m.: “El Ejecutivo en manos del FMLN. 67% de la población en los municipios ganados. Mayoría legislativa junto a GANA #ElCambioEsPrimeraFuerza”.

El 3 de marzo a las 11:09 a.m., apenas supe de los datos hechos públicos por Medardo González en la conferencia, se me ocurrió tuitear esto: “Cada partido hace la lectura que le interesa. FMLN baja de 95 a 85 municipios gobernados, y están presentándolo como triunfo arrollador”. Por ese tuit el señor Funes me llamó “troll de ARENA” en Twitter. Lo replicó dos veces desde su cuenta con comentarios despectivos. Se burló.

Hagamos a un lado el hecho de tener a un expresidente que, sin haberse cumplido un año desde que dejó el Ejecutivo, se dedica a tuitear como adolescente despechado. Créame, señor Funes, que yo lo estimé en su extinto rol de periodista, y que celebré su triunfo electoral porque fui de los incautos que me creí su eslogan del cambio. Allá estuve aplaudiéndolo aquel 15 de marzo histórico en el redondel Masferrer.

Usted, a mi criterio, fue una decepción como presidente, y ahora compruebo que también como periodista deja mucho que desear. Es, reitero, lo que me animó a escribir esta columna, señor Funes. ¿86 municipios en los que viven el 67% de los salvadoreños? ¿No le sonó tantito exagerado? ¿Se atrinchera y replica hasta la saciedad sin verificar los datos que brinda una fuente con evidentes intereses, como lo es cualquier partido político? ¿Nunca supo el significado de ‘contrastar una información’, en especial antes de hacer tanta alharaca, tanta estridencia?

Señor Funes, usted es el expresidente de la República y alguien que gozó de la genuina admiración de buena parte del gremio periodístico. Respétese, por favor. Respétenos.


sábado, 8 de noviembre de 2014

Prólogo del e-book 'Yo bajomundo'

1 comentario:

Ocurre con demasiada frecuencia. A pesar de las cifras espeluznantes, de los cadáveres exhibidos con cinismo en los noticieros, a pesar de las residenciales amuralladas y de las casas fortificadas, de la cotidianidad moldeada por la violencia, de los espacios públicos perdidos, de las incontables renuncias, a pesar incluso de que desde hace años Naciones Unidas nos exhibe como la región más violenta del mundo, a pesar de todo esto... no falta quien desde el primermundismo salvadoreño minimiza o incluso niega que la nuestra sea una sociedad especialmente violenta.

Ocurre con demasiada frecuencia que cuando uno cuenta una historia tejida con el llanto de las víctimas, saltan voces que dicen que no, que muy sensacionalista usted, que violencia en todos los países hay, que por qué no dedicar el tiempo a relatos de superación y éxito. Una manada de avestruces que desde dentro de sus burbujas recriminan que dirigir el foco a lo que está sucediendo allá abajo –hacia eso que con cariño y respeto yo acostumbro a llamar el bajomundo– no hace sino dañar la imagen del país.

Dicen: la violencia no es algo exclusivo de El Salvador. Dicen: aun en los países desarrollados suceden cosas que da asco contarlas. Dicen: en todas partes suceden cosas parecidas.

Un dato asolador: para igualar la tasa de homicidios que El Salvador cosechó en 2013, en España tendrían que haber asesinado a más de 18,000 personas, y asesinaron a 302. Y eso que para nosotros 2013 fue el año menos violento de la última década, consecuencia directa de la polémica tregua –promovida por el gobierno del expresidente Mauricio Funes– entre las pandillas Mara Salvatrucha y Barrio 18.

Ocurre con demasiada frecuencia que los que más alejados estamos del fenómeno de las maras nos negamos a aceptar lo que hemos construido, nos negamos a vernos como corresponsables.

El libro digital que tiene entre sus manos no aspira a cambiar la naturalidad con la que se convive con la violencia en El Salvador; sería arrogante siquiera pretenderlo. Los que se niegan a mirar no verán. El país seguirá siendo lo que es, una sociedad marcada a fuego por la violencia. El anhelo de este esfuerzo periodístico bautizado Yo bajomundo no es pues corregir u orientar, aleccionar, sino que su vocación es de registro histórico, como el fotógrafo que llega al campo de batalla y fotografía lo que ya no tiene solución. Las cuatro crónicas que lo integran son apenas cuatro piezas de un rompecabezas infinito, cuatro estampas que tratan de explicar –desde una visión humanista de la investigación periodística– la que sin duda es la expresión más aguda del problema de violencia que nos define como sociedad: las maras.

Yo violada es la historia de una muchacha violada salvajemente por una clica del Barrio 18; una violación, como tantas otras, que ni siquiera entró a formar parte de los registros oficiales. De esta crónica el periodista estadounidense Jon Lee Anderson escribió esto: “Parece ser la metáfora más visceral de una sociedad sofocada, que no logra imponer la autoridad moral, porque no la ampara un Estado de derecho”.

Yo torturado de alguna manera retrata la Policía Nacional Civil que tenemos, un cuerpo saturado de elementos para los que el respeto a los derechos humanos es un imposible. Narra la tortura de la que fue objeto un joven por el simple hecho de vivir en un sector de mareros, sin que él tuviera nada que ver con ellos.

Yo pandillero es la historia de vida de un sádico integrante del Barrio 18. Encarcelado, casado y cerca de convertirse en treintañero, reflexiona sobre la indeseada posibilidad de que su hijastro siga sus pasos.

Por último, Yo madre nos acerca al drama infinito de la madre de un pandillero de la Mara Salvatrucha, una madre que odia a la pandilla tanto como quiere al fruto de su vientre, y que por ese amor está dispuesta a soportar todos los vejámenes con los que el Estado y la sociedad salvadoreñas castigan a personas como ella.

Esta tetralogía de crónicas no se concibió para integrar un libro, sino como historias independientes que fueron publicadas entre los años 2009 y 2013 en el periódico digital El Faro. Son historias reposadas, en las que invertí mucho tiempo para tratar de invisibilizarme como periodista ante las víctimas y/o victimarios. Reeditadas y empaquetadas ahora, quizá ayuden a comprender mejor las miserias y también las grandezas del bajomundo, que es donde a mi juicio anidan las esencias más puras de la salvadoreñidad.

Como el agua y el aceite en un vaso, el bajomundo y el primermundismo que complementan la sociedad están siempre en contacto, pero nunca se mezclan. Y si el bajomundo lo integra la mayoría de los salvadoreños, el primermundismo somos esa franja privilegiada de la población que tenemos los tres tiempos de comida garantizados y las necesidades básicas cubiertas, ese 20-30% de los salvadoreños que, con más o menos agobios, llegamos a fin de mes y que podemos pagar en lo privado por los servicios de salud, educación y esparcimiento que el Estado no alcanza a cubrir. Los que tenemos internet, vamos al cine o podemos dar un vaso de leche cada noche a nuestras hijas. Usted, si está leyendo esto en una tablet o una computadora, solo eso ya lo ubica en el aceite, entre los privilegiados.

Yo bajomundo es una pequeña ventana al bajomundo. Estas no son historias seleccionadas por su crueldad, no son ejemplos rebuscados de atrocidades extremas. Son cotidianidad. Le invito a mirar y a conocer cómo se vive allá abajo.


Roberto Valencia, periodista
San Salvador, El Salvador
Julio de 2014



Este e-book incluye cuatro crónicas (Yo violada, Yo torturado, Yo pandillero y Yo madre) y está a la venta en la tienda virtual del periódico digital El Faro. El precio es 5 dólares. Si le interesa, puede adquirirlo en este enlace > http://goo.gl/oTG4lO

viernes, 31 de octubre de 2014

Carta de Raúl Mijango a la nación

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Foto Roberto Valencia

[Es la primera vez que Rául Mijango, exguerrillero y exdiputado por el FMLN (1997-2000) recoge sus impresiones sobre el proceso iniciado en marzo de 2012 en un comunicado que firma a título personal.]

***
En especial: al Estado y Gobierno salvadoreños, miembros de pandillas, privados/as de libertad de origen común y a todos los miembros que integran el nuevo ‘Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana y Convivencia’.

“El mal solo perdura cuando los hombres buenos no hacen nada”
Albert Einstein

Atendiendo el sentir y clamor desesperado de la ciudadanía y con el propósito de contribuir a responder a las expectativas de paz de todos los salvadoreños/as, y para evitar que aquellos que hoy se expresan en pro de ella vayan a caer en situación de desgaste predicando solo buenas intenciones pero carentes de propuestas y acciones concretas mientras la situación de violencia sigue igual o peor, quiero, desde la humildad de mi condición de ciudadano, sugerir a todos los que pueden contribuir en la solución de este conflicto, el inicio cuanto antes de un diálogo sincero, valiente, constructivo e incluyente que considere también a las pandillas. Es hora de deponer posiciones principistas como la de que “no se puede hablar con criminales”, cuando en este caso, ellos pueden contribuir a la solución del problema. De hecho, el mismo Estado ya lo hace por medio de la Fiscalía desde hace tiempo, al ofrecer beneficios penales a los delincuentes por su colaboración. No debemos olvidar que posiciones anacrónicas como estas son las que en el pasado provocaron que el conflicto armado de los ochenta se prolongara por tanto tiempo y cobrara la pérdida de miles de vidas y más y mayor destrucción del país. Fue hasta que se dialogó con los “delincuentes terroristas o terengos”, como nos llamaban, que se logró la paz.

A fin de volver proactivo y productivo el diálogo sugerido, separado de toda burocracia que produce libras de papel para llenar bolsones, propongo un mecanismo de abordaje real y concreto de la problemática. El mecanismo consiste en desarrollar una “agenda trenzada, de desarrollo simultáneo de manera unilateral”, que posibilite construir propuestas que se puedan convertir en entendimientos o acuerdos –porque un diálogo sin entendimientos no tiene ninguna validez– que permitan ir superando de manera gradual y progresiva la situación de violencia que afecta a todos los salvadoreños/as, para irle devolviendo a nuestro querido país la paz y la tranquilidad que tanto anhelamos.

Por la necesidad de actuar con el mayor sentido de responsabilidad, dado el valor estratégico de la propuesta, no voy a incluir en esta carta los contenidos de la agenda que propondré. De manera privada, la haré llegar al Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana y Convivencia, así como a las pandillas, para que la analicen y se pronuncien sobre su contenido, en cualquiera de las formas: si la aceptan, la modifican o la rechazan; solo así se podrá medir el grado de genuinidad del espíritu de paz con el cual dicen actuar. Pido a los medios de comunicación su comprensión y respeto al derecho a la privacidad que un asunto tan delicado como este requiere; dejo a los destinatarios de la misma la opción de hacer, o no, público su contenido.

No se puede seguir ocultando o minimizando la realidad: la violencia, la inseguridad y la criminalidad representan desde hace varios años el principal problema que aqueja a los salvadoreños; y no es para menos, la vida de un poco más de 53,000 compatriotas se ha perdido en los últimos 20 años por estas causas. Según algunos estudios, $2,000 millones se pierden por año en el país por efecto de la violencia. Por la misma situación de inseguridad, nuestra economía se constriñe y su crecimiento anual no sobrepasa el 2%. La población –principalmente la que vive en los barrios y colonias menos favorecidas– vive angustiada, presa del temor y con la zozobra permanente de ser víctima –ella o sus hijos– de algún acto delictivo en su casa, la colonia, la calle, en el bus, la escuela, la cancha deportiva, en el centro de trabajo, hasta en la iglesia a la que asiste, inclusive.

Desde que el fenómeno de violencia –principalmente la juvenil– comenzó a golpear con mayor fuerza a la nación, en miles se pueden contabilizar las cuartillas que se han emborronado con estudios, análisis y diagnósticos tratando de caracterizar el fenómeno. Decenas de miles de dólares se han pagado a expertos para que “analicen” la situación y sugieran soluciones. Estamos pues, ante un fenómeno que está sobreestudiado y diagnosticado. Pero nada de eso ha dado resultado, la violencia ha crecido de manera indetenible; tanto, que hemos alcanzado en años anteriores los 70 homicidios por cada 100,000 habitantes; más de 4,000 asesinatos por año, y una tasa de entre 12 y 14 homicidios diarios, lo cual nos ha colocado como el segundo país más violento de toda la Tierra.

La cooperación externa, de acuerdo a estudios que han circulado en últimos días, estima haber invertido en El Salvador en los 12 años anteriores en programas de prevención de violencia cerca de $700 millones (un promedio de $58 millones por año). La empresa privada ha revelado recientemente que su inversión anual en programas de responsabilidad social empresarial, sobrepasa los $600 millones por año, monto del cual invierte buena parte en programas de reducción de vulnerabilidades y prevención de violencia. Las municipalidades reciben el 8% anual del presupuesto general de la República, $350 millones aproximadamente, del cual se supone invierten una parte en desarrollo y prevención de violencia. El presupuesto del Ministerio de Justicia y Seguridad Pública sobrepasó los $350 millones en el año 2014. Toda esta inversión y qué resultados se han obtenido. Solo más violencia.

La falta de eficacia en la acción para prevenir, contener y disminuir violencia se debe a que todos los que hasta hoy han intervenido en el tema para encontrar soluciones han estado orinando fuera de la bacinica. Han pretendido resolver problemas nuevos con viejas recetas y, en muchos casos, no han tenido la voluntad genuina de querer resolverlos, o les ha faltado la suficiente valentía moral para desarrollar acciones que podrían ser “mal vistas”. Con pocos recursos y en poco tiempo, el proceso de pacificación derivado de la tregua experimentó resultados exitosos. Hizo posible reducir la tasa de homicidios de 14 a 5 diarios en cuestión de días y, a lo largo de 15 meses, ha impedido que se perdiera la vida de alrededor de 6,080 salvadoreños.

Con la llegada del nuevo Gobierno –surgido de elecciones en segunda vuelta en marzo de 2014– al fenómeno de la violencia se le ha dado mayor énfasis en su tratamiento si se le compara con el que le dio el Gobierno anterior. El mismo presidente Salvador Sánchez Cerén, en su discurso inicial, ofreció ponerse al frente de un programa contra la violencia.

En pantallas de televisión, micrófonos de radios y en periódicos escritos y digitales se puede ver, escuchar o leer las constantes declaraciones del ministro de Justicia y Seguridad, Benito Lara, sobre el tema de seguridad. Nadie puede hoy aducir que éste esté siendo ignorado, además, dicho sea de paso, con un buen manejo mediático, cargado de buenas voluntades y deseos. No obstante el rimbombante manejo que se ha hecho del despliegue de la ‘Policía Comunitaria’, la cual se ha pretendido vender como “la pastilla que cura todos los males”, la situación operativa no parece cambiar. Las acciones de ‘Mano dura’ continúan dominando el accionar policial, siguen con los grandes operativos y capturas masivas y más pandilleros continúan falleciendo en los supuestos ataques a la Policía.

Las pandillas y los privados/as de libertad de origen común también han mantenido la retórica de expresar buenas voluntades y de querer contribuir en la solución del grave problema de violencia; de la cual no solo se consideran victimarios, sino, víctimas también. No obstante, la situación de seguridad en las calles y colonias se sigue deteriorando cada día desde que hubo cambio de ministro en mayo de 2013. La tasa de homicidios se ha recuperado de 5 diarios en 2012 y 2013 a un promedio de 12 en la actualidad. Solo en lo que va de este año han sido asesinados 33 policías y 18 soldados. Ha resurgido con fuerza el homicidio de motoristas, cobradores y comerciantes. Según fuentes policiales, en este año los fallecidos por causas de la violencia sobrepasan los 3,000. Los centros escolares sufren nuevamente del acecho y el asedio a los estudiantes y maestros. El reclutamiento, la adquisición de armas, la disputa y expansión de territorios se han recrudecido en los últimos días y, muy a menudo, se conoce de la quema o ametrallamientos de unidades del transporte público.

Entre más policías y soldados fallezcan en acciones donde hay clara participación de pandillas y entre más pandilleros y mareros mueran en acciones donde ha participado la Policía, más se obligan ambos a mutar y a elevar la escalada de la confrontación bélica, favoreciendo así únicamente a los que están en contra de la paz y a favor de la guerra, porque se lucran de ella. Con otros actores, ese camino ya fue recorrido en el siglo pasado en El Salvador con nefastas consecuencias, no volvamos a cometer los mismos errores. Entonces, ¿cómo se resuelve esto? Ya está de sobra probado: dialogando y concertando. No dejemos que la maldad, la cobardía, el cálculo político y lo emocional, nos obligue a repetir una historia que nadie quiere volver a vivir.

El 29 de septiembre de 2014, emulando experiencias de otros países, y de anteriores administraciones, donde esta modalidad solo ha producido modestos resultados, se le dio partida de nacimiento a un nuevo ‘Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana y Convivencia’, para que trabaje alternativas contra la violencia. Por la necesidad urgente de contar con alternativas a este flagelo, debemos de trabajar para que en El Salvador este Consejo no fracase y, para ello, es necesario otorgarle el beneficio de la duda y brindarle todo el apoyo que sea posible y necesario.

No obstante, este Consejo debe entender que lo que todos esperamos de él son propuestas realistas de solución, y no que sus voceros pierdan el tiempo en cuestionar, descalificar y desmarcarse del proceso que fue iniciado en 2012. Criticar ahora la tregua y el proceso de pacificación derivado de ella, con sus aciertos y desaciertos, sin proponer alternativa, es caer en condiciones de miseria humana. Más bien, el Consejo debe emprender cuanto antes, acciones que den resultados en el menor tiempo posible. La población espera con impaciencia para ya, no para dentro de dos, tres, cuatro o cinco años, resultados que se traduzcan en más seguridad, menos homicidios, menos extorsiones, menos robos, menos hurtos, menos desapariciones. En cuestiones de seguridad pública, el tiempo que se pierde no es oro, sino vidas humanas.

El Salvador, 30 de octubre de 2014.

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Lea además:

miércoles, 1 de octubre de 2014

'Yo violada' sigue rodando

1 comentario:

Ayer (30 de septiembre de 2014) pegaron en la página de Facebook de la revista El Malpensante el link a la versión colombiana de la crónica 'Yo violada', que ellos publicaron en su edición de julio de 2013. Más de un año después, más de tres años desde su publicación original, sigo sorprendiéndome con la avalancha de laiks, de comentarios sentidos, de reacciones que aún genera este relato descarnado.

Si están sobrados de tiempo, en tren y lean los comentarios de la gente.





[Aviso técnico: si no viera nada en este post, sería responsabilidad exclusiva de Facebook y sus configuraciones.]

jueves, 11 de septiembre de 2014

Francisco desde los cielos habla sobre Monseñor Romero

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Tarde del lunes 18 de agosto de 2014. El portavoz de la Santa Sede, el jesuita Federico Lombardi, cede la palabra a Philip Pullella, periodista de la agencia Reuters especializado en temas del Vaticano. Pullella felicita primero a Francisco por su inglés, aprovecha para solicitarle veladamente una entrevista, y por último interpela: “¿Cómo va el proceso de Monseñor Romero? ¿Cómo le gustaría que concluyese?”.

Se refiere a Óscar Arnulfo Romero y Galdámez (1917-1980), el arzobispo de San Salvador asesinado de un disparo en el pecho mientras oficiaba misa en la capilla de un hospital para enfermos terminales de cáncer, y cuyo proceso de beatificación está fondeado en Roma desde el año 1996.

La entusiasta respuesta del papa Francisco se desparrama en un minuto, pero no dice nada nuevo; recuerda que la causa está desbloqueada, reitera su creencia en que fue “un hombre de Dios”, y explica que el caso sigue anclado en la Congregación para la Causa de los Santos. Lo único novedoso de su alocución quizá sea el emplazamiento a los postuladores: “Depende de cómo se muevan. Es muy importante que lo hagan con rapidez”.

Poca sustancia, la verdad, pero son palabras papales.

Francisco habla desde el cielo sobre el mártir al que cientos de miles en El Salvador –y fuera de– llaman y veneran como ‘San Romero de América’. Y lo de hablar desde el cielo no es licencia literaria: la conferencia de prensa se celebra a bordo del Airbus A330 de Alitalia que lo lleva de regreso a Roma, tras cinco días en Corea del Sur.

Poca sustancia, pero son palabras papales. Y la referencia al salvadoreño más universal resulta más que suficiente para que el ‘Paisito’ regrese a la agenda mediática internacional, con la satisfacción de que el repentino interés en las redacciones de medio mundo no se deba a un terremoto, a un huracán, a las maras o a desgracias similares.


Foto: AP
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[Esta es la escena inicial que escribí para una nota sobre Monseñor Romero que me pidieron de la BBC británica, y que salió publicada el 25 de agosto de 2014… con una entrada menos ‘narrativa’]
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