martes, 8 de abril de 2014

Una cárcel nica


Ubicado en las afueras de la ciudad de Tipitapa, a veintidós kilómetros de Managua, el centro penal La Modelo alberga a 2,400 personas, un tercio de los privados de libertad que tiene Nicaragua. La calle de acceso es larga, recta y el asfalto es escaso, pero movimiento no le falta. Las visitas de familiares convierten el lugar en un vaivén de caponeras, nombre que aquí dan a unas bicicletas adaptadas para el transporte de personas, y uno intuye que se acerca a la entrada por el aumento desmesurado en el número de puestos de comida. Las primeras dos plumas que regulan el acceso están pintadas de negro y amarillo, y justo encima cuelga un rótulo grande y cuadrado que tiene dibujado el perfil de una botella y unas letras: Bienvenido al Sistema Penitenciario Nacional. Lo donó la Coca-cola. 

Entrar al recinto dentro del carro de Luis Amado Peña –el sacerdote encargado de la pastoral penitenciaria– resultó tan sencillo como ingresar a una residencial privada junto al presidente de la junta directiva. Pero ahora, al salir, el funcionario de turno –pantalón verde planchado y una camisa blanca impecable– abandona la sombra de la caseta y, después de saludar respetuoso y de intercambiar unas palabras, gira alrededor del pick-up mientras se encorva ligeramente para mirar en los bajos del vehículo. 

—Desde hace unas semanas están revisando más –dice el padre Peña–. Es por esa fuga que te conté el otro día. 

El pasado 18 de febrero un joven llamado Álvaro Valverde se fugó de Tipitapa. Se cree que lo hizo asido al chasis de un autobús. Cuando el bus se alejó lo suficiente, el joven se descolgó, paró un taxi que iba en sentido contrario y desapareció. Tres días permaneció prófugo, pero al cuarto Valverde regresó arrepentido a Tipitapa acompañado por su padre y su abogado. Desde entonces los controles son más estrictos. 

—Ay –se lamenta el padre–, pero los problemas son para resolverlos, no para cerrar las cosas. 

Fotografía La Prensa
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(Esta es la entrada de un reportaje publicado el 20 de mayo de 2011 en el periódico digital El Faro, bajo el título “¿Cuál es el secreto de las cárceles nicaragüenses?”)

sábado, 29 de marzo de 2014

Hablan del Mágico


Los futboleros ya saben, pero no está demás comenzar aclarando que France Football es quizá la más prestigiosa revista dedicada al fútbol entre todas las que se publican en el mundo. Es la que se inventó el codiciado Balón de Oro, y lo entregó entre 1956 y 2009.

Pues bien, un día de estos, sin pretenderlo, uno encuentra en internet una edición de la France Football de finales de 1988 que incluye una extensa entrevista con Jorge Mágico González. Y de inmediato siente que la casualidad le ha arreglado el día. Y uno lee el artículo, escrito por el periodista Francis Huerta, y siente la imperiosa necesidad de compartir lo que se decía –se escribía– sobre el Mágico hace un cuarto de siglo en España, pero sobre todo en Cádiz, la ciudad que lo adoptó. Tanto elogio en un único reportaje no puede ser casualidad.

Dice Francis Huerta, el periodista: “Esta salvadoreño de unos 30 años es uno de los mejores futbolistas de ataque del mundo”.

Dice Thomas N'Kono, portero de Camerún y del Espanyol: “¿El Mágico? ¡Un día me marcó un gol que todavía no he entendido cómo!”.

Dice Diego Armando Maradona: “El más técnico”.

Dice Emilio Butragueño, jugador del Real Madrid: “El mejor extranjero que juega en España”.

Dice Michel Pineda, delantero del Espanyol: “¿No conoces al Mágico González? Te juro que es mejor que Maradona. Además es un 'fiestero' fantástico. ¡Un genio sobre el terreno de juego!”.

Dice Vincent Machenaud, periodista de L'Equipe: “Es increíble. Hace cuatro años, en el Trofeo Carranza, en Cádiz, el público sacó los pañuelos blancos, y eso que salió a falta de media hora para el final”.

Dice Enrique Ortego, periodista de Marca: “¿El Mágico? Un fenómeno”.

Dice Andoni Zubizarreta, portero del FC Barcelona: “Yo nunca he visto una persona tan hábil con el balón”.

Dice Paco Perea, periodista del Diario de Cádiz: “Como ser humano Jorge es maravilloso. No quiere la gloria, solo quiere vivir, igual que la gente de Cádiz; por eso es que en esta ciudad lo comprendemos”.

Y digo yo: Mágico, solo uno.

viernes, 21 de marzo de 2014

Un pueblón llamado San Miguel


Comencé a frecuentar San Miguel a finales de 2001, al poco de haber migrado a El Salvador. Me he dejado perder incontables veces por la cuadrícula de su parte vieja, he comido pupusas en el mercado a cielo abierto que es su centro, me he bañado en esa prolongación de la ciudad que es la playa El Cuco, he disfrutado en sus calles del popular Carnaval, y hasta he tenido el honor de ser jurado en la elección de la reina. San Miguel nunca aparecerá en esos pomposos listados de rincones del mundo que uno tiene que conocer antes de morir, pero tiene algo, personalidad propia, es un lugar que se deja querer, adictivo. Creo que parte de su encanto radica en su condición de ciudad pueblón, dicho en el sentido más puro e inocente de la palabra: pueblón como pueblo grande, sin carga peyorativa alguna. Es cierto que el título oficial de ciudad lo tiene desde el siglo XVI, que es cabecera departamental y que en toda la zona oriental del país no hay otro poblado más poblado, pero exhala esa entrañable sensación de que todos conocen a casi todos. 

Fotografía Roberto Valencia

viernes, 14 de marzo de 2014

Decimonoveno comunicado de las pandillas


Foto Fred Ramos (El Faro)

[Este comunicado lo suscriben las pandillas Mara Salvatrucha 13, Barrio 18, Mao-Mao, Mara Máquina y La Mirada Lokotes 13 y un colectivo de reos civiles que se han sumado al proceso. Se hizo público el día 12 de marzo, tres días después del segundo aniversario de la tregua que, auspiciada por el Gobierno de la República, las pandillas Mara Salvatrucha y Barrio 18 iniciaron el 9 de marzo de 2012. Ese día se celebró la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, ganadas por el candidato del FMLN, Salvador Sánchez Cerén.] 
 
*** 

Los voceros nacionales de las pandillas MS-13, Barrio 18, Mao-Mao, Máquina, Mirada Locos, privados y privadas de libertad de origen común, al pueblo salvadoreño y demás pueblos del mundo hacemos saber: 

El día domingo 9 de marzo de 2014, dos hechos de gran trascendencia nacional, por cosa del destino o por obra divina, se conjugaron; nos referimos al segundo aniversario del Proceso de Tregua y de Paz al cual dimos inicio las pandillas salvadoreñas el 9 de marzo de 2012, y la realización de la segunda ronda del proceso electoral para elegir presidente y vicepresidente de la República para el periodo 2014-2019. 

El Proceso de Tregua y de Paz, contrario a lo que vaticinaron sus detractores, quienes afirmaron que no era sostenible, que no se podía confiar en nosotros y que era un proceso falso e hipócrita, este se ha extendido ya por dos años, y lo que es más importante, ha producido resultados que lo convierten en el experimento más exitoso en cuanto acciones de prevención de violencia del que se tenga conocimiento en toda la América Latina; entre los resultados más importantes podemos citar:
  • A. Disminución en un 50 % en la tasa de homicidios con relación a los niveles de finales del año 2011.
  • B. La vida de 5,539 salvadoreños ha dejado de perderse durante estos dos años.
  • C. La tasa de extorsiones se redujo en un 18%.
  • D. 504 armas de guerra fueron entregadas de manera voluntaria.
  • E. Más de 1,200 ilícitos fueron entregados de manera voluntaria por los privados/as de libertad al interior de los centros penales.
  • F. Tranquilidad y estabilidad en centros penitenciarios, pese a contar con un 325% de hacinamiento, constante acoso de autoridades penitenciarias y de purgar las penas en condiciones de reclusión infrahumanas.
  • G. Cientos de jornadas de limpieza y borrado de grafitis en los barrios.
  • H. Apertura de procesos de reconstrucción del tejido social que, producto del conflicto, se ha roto en los municipios y comunidades.
  • I. Once municipios donde habitan más de un millón de salvadoreños se han incorporado al proceso de Municipios Libres de Violencia, donde las pandillas participamos como actores locales en la reducción de la violencia y la experiencia es altamente exitosa. Otros municipios están en espera de incorporarse a este proceso.
  • J. Junto a actores comunitarios y empresarios, hemos dado inicio a otra modalidad complementaria del proceso de paz, que consiste en declarar 'Zonas de paz' áreas del territorio salvadoreño; ya lo hicimos en un sector de la colonia Escalón y estamos trabajando otras dos nuevas zonas en la ciudad capital que en su oportunidad daremos a conocer.
Nos alegra de gran manera que, por encima de la vileza con la que han actuado aquellos que en lugar de apoyar este proceso se han dedicado a cuestionarlo y hasta quererlo destruir para beneficiar a los que se lucran y se enriquecen de la violencia, se estén sobreponiendo los más sensatos, los que en verdad quieren la paz para El Salvador. A todos, nuestro más ferviente saludo, en especial a los facilitadores del Proceso, a los obispos y pastores que conforman la 'Iniciativa Pastoral por la Vida y por la Paz' a los empresarios que han dado vida a la Fundación Humanitaria, y por supuesto, a las organizaciones internacionales de cooperación que han creído y han apoyado este esfuerzo que persigue aprovechar la oportunidad histórica que se le ha presentado al país para la recuperación de la Paz. 

A los ganadores del evento electoral de este 9 de marzo de 2014, el profesor Salvador Sánchez Cerén como presidente constitucional de la República, y el Lic. Óscar Ortiz como vicepresidente, les enviamos nuestras felicitaciones. Aprovechamos para expresarles que por nuestra parte seguimos empeñados en continuar con el proceso iniciado hace dos años, y si ustedes nos lo permiten, queremos seguir siendo parte de la solución del problema de violencia que afecta al país. 

A los que no resultaron ganadores el 9 de marzo (el partido ARENA) (lo decimos así porque tampoco han sido derrotados), les expresamos que no les guardamos ningún rencor ni resentimiento por lo que hayan dicho o hecho contra nosotros y contra el proceso de paz en la primera fase de la contienda; entendemos que esas acciones fueron parte de las estrategias electorales, esto lo comprendimos cuando cambiaron radicalmente el discurso en la segunda ronda de la campaña. 

Ante lo acontecido el 9 de marzo, les instamos que por nada del mundo le den cabida a ningún tipo de sentimiento de derrota. La vida del país no terminó el domingo recién pasado, mucho menos la de su partido, ustedes siguen siendo la principal fuerza de oposición, la que representa una de las dos mitades en la que ha quedado dividido el país. Esperamos que el discurso sobre la violencia que sostuvieron en la segunda ronda electoral haya sido sincero, ya que, de serlo, sabemos de antemano que podemos contar con el apoyo de ustedes para impulsar iniciativas que favorezcan la recuperación de la paz, la cual solo será posible si nos unimos todos los salvadoreños. 

Si el convencimiento expresado por ustedes en el tema de seguridad en la segunda ronda es puro, bien pueden dar una excelente lección de patriotismo, madurez política y de profundo amor por el país y a su gente, ofreciendo a los nuevos gobernantes su apoyo a la superación de la violencia y la recuperación de la paz, tomando como base, el apoyo a la continuidad del exitoso proceso que desde el 9 de marzo de 2012 está en desarrollo en El Salvador. Les prevenimos a no caer en las trampas de la tentación, más de algún asesor electoral les va recomendar continuar con la movilización social, ser beligerantes y elevar la confrontación para obtener resultados favorables en las próximas elecciones de marzo de 2015; si deciden optar por ese camino, por favor no vuelvan a cometer el mismo error de incluir como parte de la confrontación el tema de seguridad, por el bien de El Salvador, en ese punto, debemos de procurar que todo el país se encuentre unido y la mitad que ustedes representas es clave para ello. 

Finalmente, queremos agradecer a los facilitadores del Proceso de Tregua y de Paz, monseñor Fabio Colindres y Raúl Mijango, por su patriótica participación en este proceso; sabemos que los enemigos de la paz y los que trabajan a favor de los interés de los que se lucran de la violencia les han atacado fuertemente, han recurrido hasta la infamia para desacreditarles e incriminarles, pero nos alegra que no se hayan dejado doblegar, porque quienes les atacan no saben que ustedes poseen un bien muy escaso en nuestras sociedades que se llama valentía moral, esa que hace que pocos hombres estén dispuestos a desafiar la desaprobación de sus semejantes, la censura de sus colegas, la ira de la sociedad. Este bien es más escaso que el arrojo en la batalla o una gran inteligencia. Y sin embargo es la cualidad esencial, vital, para quienes se proponen cambiar el mundo que solo sede al cambio con dolorosos esfuerzos; como bien lo expresó uno de los mejores estadistas norteamericanos: Robert F. Kennedy.
El Salvador, 12 de marzo de 2014 

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Lea además:

domingo, 9 de marzo de 2014

Una sociedad enferma


¿Cómo llegamos a esto(*)? 

Foto tomada de Facebook y modificada para proteger al menor
No me refiero a la fotografía curiosa-simpática-aberrante en función de quien la adjetive, sino a lo que hay detrás. Y lo que hay detrás es una joven filoemeese que promueve orgullosa la imagen de su hijo rifando barrio, y que apuntala el sinsentido con loas a la que define como su verdadera familia, la Mara Salvatrucha, organización responsable de miles de asesinatos tan solo en El Salvador. Lo que hay detrás, basta invertir unos minutos escarbando en internet, es una presencia cada vez mayor de las pandillas en Facebook, en YouTube, creciente de unos pocos años hacia acá, en la medida que internet ha dejado de ser algo exclusivo de clases medias y altas. Lo que hay detrás no es un hecho puntual extraordinario singular, sino cotidianidad. Lo que hay detrás es un problema social transfigurado en problema de seguridad pública. Lo que hay detrás son, cifras oficiales, más de 60,000 pandilleros activos con un entorno social afín a las pandillas –madres, novias, simpatizantes, hijos, colaboradores, chequeos, mascotas...– de 400,000 personas, en un país de poco más de 6 millones. Lo que hay detrás es la parte que menos gusta cuando la sociedad salvadoreña se mira en el espejo, como le sucede al cuarentón vanidoso que contiene la respiración y saca pecho para disimular su prominente barriga. Lo que hay detrás es, pese a quien pese, una redefinición de la salvadoreñidad en la que el pandillerismo más destructivo es un componente sine qua non. Lo que hay detrás es El Salvador. 

Pero reitero, ¿cómo llegamos a esto?

Pasó que cuando en 1992 terminó la guerra civil nadie se preocupó del trauma colectivo en una sociedad rota y empobrecida. Una estrategia de atención psicológica masiva, hecha a tiempo y complementada con programas sociales efectivos, quizá habría amortiguado el problema. Cada comunidad cantón barrio debió haberse llenado de psicólogos sociólogos trabajadores sociales. Pero no. 

Pasó que en los noventa Naciones Unidas y la comunidad internacional quisieron meter a El Salvador a empujones en el primermundismo, sin medir las consecuencias. A base de golpes –de muertos– comprobamos que quizá no fueron las mejores ideas inventarse un cuerpo policial en plena posguerra o importar leyes efectivas para otras latitudes, pero inaplicables en El Salvador por falta de recursos o de voluntad política. 

Pasó que desde el rencor o la ignorancia se exigieron y se aplaudieron –se exigen y se aplauden– los grupos de exterminio, cuando es tan sencillo verificar que el boom de las maras en San Miguel fue precisamente después de la Sombra Negra. 

Pasó que los gobiernos adoptaron durante veinte años políticas públicas que parecen diseñadas para radicalizar el pandillerismo: la Mano Dura, la Súper Mano Dura, la asignación de cárceles a cada pandilla, el hacinamiento salvaje, el abandono de estrategias de inserción social... Las maras en la posguerra eran un problema de orden público que no se desactivó a tiempo, se dejó crecer, el Estado fomentó su mutación con un manodurismo estrictamente electoral , hasta que devino en problema de seguridad nacional. 

Pasó que nos prometieron el Cambio en 2009, y en materia de seguridad pública sí hubo un cambio que ha salvado estadísticamente miles de vidas, la tregua, aunque el Gobierno se niega a reconocer su paternidad y sigue sin apostar de lleno –por impopulares, por cálculos electorales– a los temas impostergables de la prevención, la inserción y la rehabilitación.

Pasó que los periodistas seguimos el juego a los políticos que en los primeros lustros sobredimensionaron el problema de las maras para ocultar la corrupción, el narcotráfico, la impunidad...

Pasó que las oenegés, asociaciones y fundaciones que velan por los derechos humanos subdimensionaron el problema de las maras. Eran los llamados a ser la conciencia crítica ante tanto despropósito pero, en general, trataron de convencernos de que los pandilleros eran responsables de una pequeña fracción de la violencia que ocurre en el país, incluso cuando el fenómeno estaba ya desbocado. Algunas aún hoy siguen atrincheradas en ese error. 

Pasó que la Academia apenas hizo nada. 

Pasó que asumimos que era normal pagar por la salud, por la educación, por dar un paseo con los hijos sin temor a ser asaltado... por tantos derechos básicos. ¿Y qué pasa con quienes no pueden pagarlo? 

Pasó que los que no tenemos el problema en la puerta de casa nos dejamos convencer de que la inseguridad se combate con muros, razor, plumas, guardias y evitando viajar en bus. 

Pasó que la seguridad pública (la inseguridad pública) se convirtió en modo de vida, pero no solo para los dueños de empresas de seguridad o para los que venden pistolas o razor, también para quienes analizan filosofan investigan oenegean sobre las soluciones al fenómeno de las maras. También para quienes escribimos crónicas. 

Pasó que creamos una sociedad en la que parece que si no se consume, no se vive, pero luego bendecimos con nuestro voto a los políticos que permiten que el salario mensual de una cajera de supermercado sea 220 dólares, o que un cortador de caña gane 110 dólares. 

Pasó que quienes ganamos 700, 1,000 o 1,500 dólares nos quejamos de que apenas alcanza para llegar a fin de mes, pero no vemos problema en pagar ocho o diez dólares por ocho o diez horas de trabajo a la señora que nos cuida los niños y/o nos limpia la casa. 

Pasó que como sociedad nos inmunizamos ante el dolor ajeno. 

Pasó que quienes creemos que la única forma efectiva de revertir esto es invertir mucho dinero en programas efectivos de prevención en las comunidades y en rehabilitar al delincuente que está encarcelado no nos sabemos imponer a las barras bravas que solo creen en el ojo por ojo. 

Pasó que el problema de las pandillas lo dejamos crecer demasiado y se volvió enrevesado y deshumanizado. Ojalá me equivoque porque es pura especulación, pero me temo que tardaremos muchos años en neutralizar las consecuencias de haber construido una sociedad tan violenta, una sociedad tan enferma. 

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(*) Aclaración para lectores no salvadoreños o para salvadoreños con conocimientos limitados sobre las maras, el problema de convivencia más grave que afecta al país: el niño, de unos tres años, está rifando Mara Salvatrucha. Con su mano derecha hace la 'M', que a su vez representa la garra que es el símbolo de esta pandilla; y con su mano izquierda gesticula una 'S'.
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